Historia de Montañana
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Un motivo de sensibilización altoaragonesa
extraido del Heraldo de Aragon el 9 de Agosto de 1980

Montañana, un importante hito

 en el arte oscense

 

Tiene incoado expediente de declaración de conjunto monumental

Histórico-artístico, pero sus iglesias siguen integradas

en la provincia eclesiástica deLleida 

 

 

Parca, muy parca, ha sido y es la toponimia provincial con el patronímico laurentino. El nombre de San Lorenzo solo aparece citado una vez en el nomenclátor de la provincia de Huesca del año 1950. Hasta entonces correspondía a un pequeño lugar del municipio de Castigaleu, ubicado al oriente de la provincia lindante, prácticamente, con tierra de Montañana allá junto al Noguera-Ribagorzana.

 

Al igual que parco ha sido el uso de este nombre en el Alto Aragón- aquella aldea sólo la componían cinco viviendas diseminadas, y eso que entonces aún contaba con cerca de cuarenta habitantes, hoy imagino que ninguna ya, también han sido parcas las noticias que sobre ayer, en su arte y en su historia, se han prodigiador, hasta ahora de una de las comarcas más ricas, monumentalmente hablando, que tiene la provincia oscense, el Ribagorza, la tierra de aquel San Lorenzo.

 

Allí junto al río-frontera, entre dos zonas más abrazadas que separadas por las aguas del Noguera-Ribagorzana, se sitúa un área de tierra aragonesa muy orgullosa de su pasado y muy temerosa de perder lo que hasta ahora el tiempo le ha respetado, su rico y maltrecho legado monumental.

 

Alaó en Sopeira, Arén, Luzás – recientemente ha sido declarado monumento histórico artístico nacional su iglesia parroquial-, Montañana que tiene incoado expediente de la declaración de conjunto monumental histórico-artístico, y un largo etcétera que sería prolijo de citar, son una pequeña muestra de lo que decimos y que tiene su base real en una serie de edificaciones que aún se pueden contemplar en mejor o en peor estado.

 

El haber sido declarado por la UNESCO este año de 1980 Año Internacional del Patrimonio Histórico-Cultural, ha sido el motivo que nos ha movido a llevar a estas páginas laurentinas un recuerdo mudo del oriente altoaragonés, lo que resta de la vieja villa de Montañana, levantada un poco más al  Este de aquel evocador san Lorenzo de Castigaleu que venimos citando.

 

No es tampoco pródigo el nombre de Montañana en las publicaciones  de arte e historia oscense. Ya ni siquiera la cita, posiblemente absorbida por la importancia del vecino y famoso monasterio de Alaón, Don Ricardo del Arco en su famoso “Catálogo Monumental de la Provincia de Huesca” de 1942. Y tampoco han sido consecuentes con ella otros tratadistas de arte oscense posteriores.

 

Pero donde por fin la encontramos reseñada en una larga relación de “lugares altoaragoneses protegidos por declaración genética” en virtud del artículo 18 del decreto-ley de 9 de agosto de 1926 y decreto de 22 de abril de 1949.

 

Quizás sea por la distancia-circunstancia imperdonable- o quizá por ser una localidad puesta aún bajo jurisdicción eclesiástica de un obispado catalán- no parece en la relación de las ciento diez parroquias aragonesas dependientes de la silla de Lérida y si, según un viejo libro de 1923, como perteneciente al arciprestazgo de Arén, dentro de la diócesis de la Seo de Urgel, hoy imagino que seguirá igual-, el motivo de este tremendo Desconocimiento en su propia tierra.

 

Hace ahora unos cuantos años, esa vieja villa ribagorzana acaparó el protagonismo periodístico al darse la alarmante noticia de que se pretendía trasladar a un área de servicio de la autopista del Mediterraneo – en tierra catalana- y como motivo decorativo, la ermita románica de San Juan de Montañana, idea que, gracias a aquella campaña, no se llevo a efecto.

 

Éste es el gran drama de este legado monumental aragonés, con un gran peso artístico e histórico, que está vinculado a la provincia eclesiástica tarraconense y que está padeciendo desde hace muchísimos años, con más intensidad que otras parroquias de las mismas sedes pero geográficas e históricamente catalanas., la parquedad de los presupuestos de la Iglesia, tan insuficientemente dotados, que ni siquiera han sido para su elemental conservación.

 

Ha sido a través de un través de un trabajo de Manuel Gómez de Valenzuela publicado por la Institución Fernando el Católico, de la Diputación de Zaragoza y titulado “Las Iglesias románicas de Montañana, en Ribagorza”, en le que hemos visto la primera descripción completa y detallada de este conjunto monumental aragonés.

 

De él se escribe Gómez de Valenzuela: “El lugar presenta un cuadro inolvidable: asentado a las faldas de un promontorio cortado a pico en tres de sus lados, su caserío trepa por la pendiente oriental; a los lados, dos barrancos, uno de ellos atravesado por un bello puente de nogales, chopos y arbustos”.

 

Las dos iglesias románicas- Nuestra Sra. De Baldós la parroquial, y, la ermita de San Juan- no son los únicos edificios medievales del pueblo, ya que, en torno al primero, se ven restos de tres torreones, dos cilíndricos y uno cuadrado, en avanzado estado de ruina. Son el tipo usual en la Edad Media, a base de gruesos muros, ventanas aspilleras y puerta en el tercer piso, los que nos revela la sensación de inseguridad que se respiraba por aquello pagos en aquella época turbulenta.

 

A partir de aquí, Gómez de Valenzuela se lanza a hacer un estudio exhaustivo, concienzudo y lamentable técnico sobre la arquitectura y elementos decorativos de ambos edificios y del que vamos a tratar de hacer un somero resumen.

 

Pero antes de tocar la parte artística es obligado reproducir lo que Guitart Aparicio escribió sobre Montañana en su obra los “Castillos de Aragón” “Como compensación al silencio de la historia, contamos con el “documento pétreo” del acostumbrado              biomio castillo e iglesias románicas; el caserío alto de Montañana es de extraordinario tipismo; en su cima hay una plataforma en forma de sartén, en el extremo de cuyo “mango” se eleva la torre al borde del precipicio”.

 

Dice Cristóbal Guinart que todo este interesantísimo conjunto “estuvo encerrado en una cerca que conserva su puerta única de arco semicircular con dovelas”.

Podemos, pues, juzgar a Montañana, termina diciendo este tratadista del arte constructivo militar aragonés, “como un pequeño conjunto fortificado, prácticamente desconocido”. También Cardús Llanas le ha dedicado alguno de sus comentarios semanales. Pero poco más se ha merecido, por lo que se ve, esta viaja villa altoaragonesa.

 

Siguiendo, de nuevo, a Manuel Gómez de Valenzuela, podemos saber que el tipo de planta de la iglesia alta es de notable similitud con la de Chalamera, dice él; cómo es el tipo de aparejo- en forma de grandes sillares- y, sobre todo, la decoración, en principio, de la portada de la parroquia, que “forma un conjunto de sorprendente belleza y monumentalidad”. Y, así dice este tratadista de arte” “es indudable que la portada se   de Montañana fue construida siguiendo un plan icnográfico muy cluniacense, inteligente y exactamente desarrollado por el escultor; la presentación del pecado a la izquierda y la redención a la derecha, presidido por el Cristo en majestad en el tímpano central”. Y, completa el comentario, “la composición de esta serie iconográfica  és única en todo el románico aragonés, siendo, el escultor ribagorzano, “un artista notable de saber dotar a las figuras de una seria expresión y aprovecha los recursos que le ofrecen las escenas para sacar el máximo partido de ellas”.

 

De la ermita de San Juan, en las afueras del pueblo y a orilla del torrente que lleva su nombre, dice que “ignoro cuál pudo ser su destino primitivo, aunque Canellas la cita como eremitorio de poca importancia dentro de la comarca ribagorzana”.

 

También la describe con detalle y se recrea, igualmente, en la portada, abierta en la fachada oeste. Ermita su trabajo diciendo que “San Juan de Montañana es fechable hacia 1130 y es obra del mismo grupo de escultores y arquitectos que Tolva- otra notable iglesia altoaragonesa- y que está relacionada con esculturas rosellonesas y catalanas, además de acusar, también, la influencia jaquesa”.

 

Sólo hemos pretendido, con la crudeza de la real, mostrar uno de los puntos más sensibles actualmente de la problemática aragonesa y más concretamente de una amplia área de la provincia oscense, al no contar aquí con el patronazgo total- eliminando el mismo toda forma de poder que no emana del propio Aragón-, sobre todo en aquello- tanto de matiz artístico como histórico e incluso pastoral- que pueda suponer una pérdida irreparable de nuestro legado monumental y disminuya, en cualquier otro campo de nuestra actividad social, la imagen de un Aragón uno en cuerpo y trino en voluntades.

                                                                                                  JOSE Mª GARCES CONSTANTE