Noticias de Montañana
[ 01/06/2001 ]
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La recuperación de Montañana
Artículo extraído del periódico "El Ribagorzano" nº 16 Junio/Julio 2001 Por: Lorenzo Andréu

La reciente finalización de los trabajos de restauración de la iglesia de San Juan ha permitido la recuperación de este interesante templo románico que forma parte del espectacular conjunto urbanístico de Montañana, en la Ribagorza Oriental. Los trabajos, realizados por la empresa PRAMES, se han venido desarrollando en los últimos meses y han concluído con la rehabilitación integral de una iglesia que ya en el siglo XIX presentaba un estado de ruina al haberse caído parte de su bóveda sobre el interior de la nave. No obstante, su estructura general había soportado en buenas condiciones el paso del tiempo y una detenida limpieza del interior y la reconstrucción de la bóveda y la techumbre, junto con el acondicionamiento del exterior, han permitido devolver a la iglesia su prestancia original.

Las obras en el conjunto de Montañana se complementan en esta fase de los trabajos con una serie de actuaciones en el entorno del perímetro amurallado de la localidad y, en especial, en la conocida como Torre de la Cárcel, el torreón de vigilancia que cerraba el conjunto murado. El apuntalamiento de diferentes viviendas que corrían un grave peligro de ruina es otro de los campos de actuación que se viene desarrollando en los últimos meses en este singular conjunto urbano.

La iglesia de San Juan presenta ahora un aspecto magnífico, una vez recuperada su estructura original. El templo, que se encuentra algo apartado del núcleo de Montañana y ofrece una excelente panorámica de la estructura fortificada del lugar, puede acoger en un futuro próximo un centro de exposiciones y de interpretación de la historia de la localidad y de su entorno, aunque este extremo está todavía por dilucidar.

Como tampoco se sabe cuando se inaugurarán finalmente las obras realizadas -se barajan diversas fechas del mes de septiembre-, acto al que previsiblemente acuda el presidente del gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias. Pero mientras tanto, la recuperación de la iglesia supone un aliciente añadido para conocer una de las poblaciones más interesantes de la geografía aragonesa. Una localidad que puede, además, convertirse en punto de partida para descubrir la Ribagorza, una extensa comarca en el extremo nororiental de la provincia de Huesca que guarda un importante legado monumental.

La localidad presenta una tipología plenamente medieval con sus construcciones en mampostería y teja que se encaraman sobre un promontorio cortado casi a pico por tres de sus lados. En lo alto, sobre una meseta que domina la estructura urbana, la impresionante silueta de la iglesia parroquial de Santa María de Baldós y la de la hendida torre militar cercana se recortan sobre el horizonte. El pueblo está dividido en dos barrios junto a la confluencia de los barrancos de San Miguel y San Juan que se comunican entre sí por medio de un airoso puente gótico de doble arcada. En su conjunto urbano prevalece el carácter medieval que le otorgan sus estructuras defensivas.

Los restos de los dos torreones de planta circular y tipología románico lombarda que vigilan desde lo alto la entrada a los dos barrancos, la existencia de murallas que abrazan el perímetro medio del tozal sobre el que se asienta buena parte de la población -abiertas en puerta única de arco semicircular con dovelas que aún se conserva y junto a la que se eleva una esbelta torre cuadrada bastante posterior por estructura y aparejo a las anteriores y las numerosas rampas, portalones y pasadizos que recorren y atraviesan sus calles revelan su agitado pasado y la importancia estratégica que debió alcanzar la población en la época medieval.

Las muestras de arquitectura civil no se acaban en esta sucinta relación de la estructura fortificada del antiguo castro de Montañana. Todavía hoy guarda el pueblo interesantes muestras de arquitectura civil patentes, por ejemplo, en la antigua plaza del ayuntamiento, donde se levanta un curioso edificio con un singular alero de ladrillo y teja que ha reaprovechado en sus paredes elementos provenientes de una antigua iglesia románica de la localidad desaparecida a lo largo del siglo XIX. Dos de los capiteles originales de este templo desaparecido sujetan el balcón que mira a la plaza y al vecino barranco de San Miguel. Otras varias casonas blasonadas y numerosos rincones evocadores se muestran al visitante y le recuerdan el pasado esplendor de esta villa medieval prácticamente desconocida por buena parte de los aragoneses.

Mención aparte merece la arquitectura religiosa que encierra Montañana. La localidad llegó a tener cuatro iglesias, de las que se conservan dos; la parroquial, en la cumbre del altozano que domina el conjunto urbano, dedicada a Nuestra Señora de Baldós y la ermita de San Juan Bautista, a orillas del barranco del mismo nombre.

La de la Virgen de Baldós es una construcción románica tardía posiblemente de principios del siglo XIII de planta de cruz latina con ábside semicircular liso y orientado, más bajo que la nave, cuya cornisa se sustenta sobre canetes y en cuyo centro se abre un ventanal de arco de medio punto dovelado y con derrame exterior. El interior del templo presenta una bóveda de cañón en la nave y en los brazos del crucero y de cuarto de esfera en el ábside con interesantes soluciones constructivas. Pero, sin duda, el elemento más descollante de este conjunto es la portada meridional, un suntuoso ejemplar labrado de la transición románico-gótica. Formada por cinco arquivoltas de medio punto en degradación y enmarcadas por otra de puntas de diamante, éstas apean alternativamente sobre jambas y columnas, todas ellas con capiteles historiados que representan diversas escenas relacionadas con el pecado y sus efectos en su parte izquierda y, a la derecha, otras relacionadas con el procesa de salvación. En el tímpano sobre la puerta aparece un Pantocrátor sedente, excelentemente realizado, bendiciendo con la mano derecha y sosteniendo un libro en la izquierda y enmarcado en una mandorla que sujetan dos ángeles con las alas desplegadas que surgen de entre las nubes.

Encima de esta portada hay una amplia hornacina de arco de medio punto moldurada entre impostas bajo de las que corre un friso de arcuaciones de tipo lombardo sobre pequeñas ménsulas escultóricas. Adosada a este mismo muro se alza una airosa torre-campanario de planta cuadrada y tres cuerpos que está ornamentada con arquillos ciegos trilobulados, característicos del siglo XIII pero muy originales en la tradición arquitectónica ribagorzana.

En la vertiente opuesta del barranco de San Juan se encuentran la ahora restaurada ermita del mismo nombre. Era ésta una advocación relacionada con el dominio que ejercieron los Hospitalarios sobre la localidad desde 1175 y la iglesia puede fecharse por estas fechas. Es una construcción de una nave con bóveda de cañón ábside semicircular con cuarto de esfera y una airosa espadaña de tres huecos rematando el hastial de occidente. Su puerta principal se orienta a poniente y está precedida por cuatro arquivoltas, de las cuales dos son de baquetón, otra plana y la más interior angrelada. Apean éstas sobre jambas entre las que se intercalan columnas con capiteles historiados con escenas alusivas a la vida del Bautista de muy buena factura técnica y un aceptable estado de conservación.

En el transcurso de la actuación que se ha realizado en la iglesia, aparecieron unas interesantes pinturas de tradición tardo románica que están siendo estudiadas en la actualidad.