Noticias de Montañana
[ 02/04/2002 ]
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Montañana y Paisaje: La Roca y el Hombre
Artículo de Gerardo Peris

 

Transcurren los primeros años del siglo X sobre un territorio boscoso e inhóspito, surcado por profundos barrancos que parecen sugerir, entonces como hoy, las cicatrices de un rostro duro y atormentado, que contempla, yacente boca arriba e impasible, el cielo intemporal, que lo acoge ycastiga siglo tras siglo.
 
El hombre, ya presente desde tiempos inmemorables, articulaba un mosaico poblacional muy disperso. Es algo que todavía puede advertirse hoy con claridad. Las casas aisladas y pequeñas aldeas debían definir el paisaje humano.

"Alguien" decidió que tal territorio era un buen lugar para asentar una avanzada militar, que protegiese el peligroso flanco meridional del naciente "Comitatus ripacucenses" de las incursiones musulmanas de la zona de Barbastro. Éstas amenazaban con multiplicarse desde que el condado cristiano, activo e independiente, se constituyó en un peligro real para la próspera provincia musulmana.

Montañana, nombre con origen probablemente en un topónimo prerromano, no era todavía la espectacular villa medieval que hoy conocemos, sino que abrazaba la totalidad del territorio que la circundaba.

Sería el entonces pequeño núcleo de Baldós el que llamaría la atención de quienes pretendieran transformarla en una posición fortificada.

Es necesario comenzar, tras esta breve introducción, por una descripción en forma del entorno físico, ligado siempre, desde entonces, a la historia de Montañana.

Éste reflejaba una característica muy revelante. Era la existencia de gran número de alargados tajos rocosos, dispuestos en bandas horizontales y paralelos a los cursos de agua, producto de la excavación, se sus cauces. Son los denominados aquí "sallentes". La situación aproximadamente triangular que conformaban dos de ellos, situados en elevada posición sobre la confluencia de dos barrancos, determinó finalmente su destino. La estrecha plataforma así limitada ofrecía, por su difícil accesibilidad, indudables ventajas tácticas y estratégicas que lo convertían en una excelente posición defensiva.

La principal ventaja, de orden táctico, era la dificultad que encontraría cualquier contingente hostil en su aproximación y despliegue en el lugar, obligado finalmente a distribuirse en multitud de reductos destacamentos que no obtendrían, en definitiva, fuerza suficiente en ningún punto concreto del abrupto emplazamiento.

Las ventajas estratégicas resultaban ser todavía más obvias. La principal consistía en el dominio visual sobre una gran extensión territorial limitada en la lejanía por sierras no muy elevadas. Asimismo, es importante constatar la distancia existente hasta el valle del principal curso fluvial de la comarca, el río Noguera. En efecto, ésta resultaba ser lo suficientemente reducida, como para mantener en contacto inmediato las mejores tierras de la zona con las gentes que las trabajaban pese a que el alejamiento del valle aportaba la fortaleza de la principal vía de infiltración y rapiña.

Tal fortaleza natural podía ser contemplada, fácilmente, por obras de consolidación y fortificación, suficientes para acoger a un número relativamente elevado de personas, con sus enseres esenciales y rebaños. El ganado constituía, sin duda, la base de su sustento en una época, no cabe olvidarlo, en la que las labores agrícolas serían frecuentemente devastadas por incursiones amadas, y los yermos dominarían sobre los sembrados. De ahí que el recinto debiera ser lo bastante amplio como para contenerlos, y si era posible también algunos bienes para su sustento. De esta forma, los campesinos y pastores se convertían eventualmente en soldados, que luchaban por su supervivencia y la de los suyos.

También debió pesar decisivamente el hecho de su proximidad, unos dos kilómetros, a una de las escasísimas infraestructuras de la zona en la época. Ésta era un puente, seguramente ya de piedra, en el lugar que hoy conocemos como Puente de Montañana, un topónimo revelador que liga indisolublemente ambas poblaciones. La importancia de este puente, que unía ambas orillas de un Noguera caudaloso e imprevisible por uno de los escasos lugares practicables, era muy evidente. La ruta que hacía posible entre los condados hermanos de Ribagorza y Pallars era la más reducida y cómoda. La cercanía, pues de la fortaleza de Montañana protegida, a cierta distancia, tan vital objetivo, de gran importancia militar y socioeconómica. El sentido común nos indica que, sin duda, también pudo existir una pequeña fortificación de apoyo en las cercanías del mencionado puente. Probablemente ya era conocido entonces con el nombre del gran obispado de Urgell, San Armengol. Quizás fuera él el promotor de una restauración, producto de la destrucción y deterioro por una riada.

La primera referencia documental segura del castillo de Montañana nos remonta al año 990, aunque sin duda éste ya existía desde tiempos atrás. Pudo suceder en esos momentos un patrocinio condal de indeterminado alcance, lo que no nos puede hacer olvidar que serían los propios nativos de la zona, ayudados o no por elementos foráneos, los que erigirían la fortaleza. Los hipotéticos restos de la misma son difíciles de rastrear, debido a las lógicas demoliciones y reconstrucciones que el paso del tiempo ha impuesto. Estos pueden verse, quizás, en lienzos de muros muy concretos en la parte superior de la hoy villa. Probablemente, y sin pruebas que lo avalen, el tramo hoy existente, y en vías de restauración, situado entre la gran portada dovelada y la torre llamada de la cárcel, podría ser una referencia válida.

A una etapa posterior corresponderían los restos de varias torres de planta circular, que hoy constituyen los restos arquitectónicos de cierto empaque más antiguos que pueden contemplarse. Su tipología los vincula a la primera mitad del siglo XI, y los emparenta artísticamente con otros contemporáneos, mejor conservados, y localizados en un radio de varias decenas de kilómetros en torno a Montañana.

Todos ellos fueron construidos con un concepto mucho más sólido y perdurable que anteriores obras de fortificación. Su erección estaba ligada a un renovado esfuerzo militar contra las posiciones musulmanas. El siglo XI, no cabe olvidarlo, contempló un retroceso militar de éstos, originado en parte por la caida del Califato de Córdoba, que centralizaba los recursos del Islam en la península.

Las repercusiones de estos sucesos en los valles pirenaicos no debieron tardar en hacerse sentir, y coincidirían en Ribagorza con la aparición en escena de un nuevo poder, la dinastía navarra con su rey, Sancho III, a la cabeza. Éste hizo valer sus derechos dinásticos tras la virtual exhibición de la familia condal ribagorzana, y los materializó realizando operaciones ofensivas contra las posiciones musulmanas asentadas a lo largo de la sierra de Laguarrés. Debió tomar como referencia y principal punto de apoyo la fortaleza de Montañana, quizás junto a la de Fantova, situadas ambas en una posición avanzada. Es lógico que a la de Montañana la dotase con construcciones sólidas y permanentes, completando las anteriores, más precarias. Es probable que de entonces date la gran torre circular, llamada "la torrota" por los nativos de siglos posteriores, que hoy, arruinada y reducida a la mínima expresión, se yergue melancólica de tiempos mejores.

 

Los siglos siguieron desgranándose, y la motivación que había hecho surgir Montañana no tenía ya razón de ser. La estable frontera con el Islam quedaba lejos, allá en el valle del Ebro, y pronto quedaría mucho más lejos. La seguridad trajo consigo estabilidad, y por consiguiente prosperidad. Cabe pensar que entonces, durante los siglos XII y XIII, Motañana era ya una agrupación humana concurrida al amparo de su impresionante fortaleza, que vería llegar gentes de muchos lugares, deseosos de labrarse un destino y contribuir a su expansión. Siglos de renovados ideales, de fe y de conquista, prestigio y devoción. Tiempos para las ordenes militares. En Montañana arraigaron tanto los templarios como los hospitalarios, pero serían estos últimos quienes acabarían transformando la fisonomía de Montañana. En el plano castrense, fueron sin duda, quienes guarnecieron y restauraron las viejas fortificaciones, realizando obras de consolidación. Quizás fueron los impulsores de la erección de la torre de la cárcel, recientemente restaurada y rescatada de las miserias de la indiferencia. También restaurarían la entrada monumental y el antiguo recinto fortificado, pero tales datos deberían ser confirmados por la documentación.

Constituida en poderosa encomienda, Montañana vería erigirse, como en un jardín encantado, flores de piedra en los tramos de espaciosas naves de iglesias, que contendrían las ambiciones de sus promotores y los sueños de sus habitantes. Éstos se turbarían con las inquietantes imágenes de criaturas del otro mundo, que los contemplaban inmóviles y amenazantes desde las nobles portadas profusamente esculpidas.

Un esbelto y hermoso puente, sólidamente construido, simbolizaría a la perfección la fusión entre la vieja y nueva Montañana, ya convertida en villa y recién entrada por imperativos históricos y el empeño de sus habitantes en la selecta relación de grandes lugares con personalidad propia.

Hoy, la roca que integra Montañana, y que la vio nacer y dio razón de existir, se ha transformado en su principal debilidad. Los viejos lienzos y torres se resquebrajan y desmoronan. Las fuerzas del hombre y la naturaleza, que a veces van parejas, también toman caminos divergentes con destructivas consecuencias. Afortunadamente la sensibilidad, sin la cual no hay ciencia, vuelve a poblar las mentes de los hombres y, lentamente, las ruinas comienzan a despertar del sueño de siglos. Los antepasados pueden dormir en paz y sus esfuerzos no han sido olvidados.

El texto que el lector acaba de recorrer con su mirada, y espero que también con su imaginación, se verá completado próximamente con otro más descriptivo de las torres y obras de fortificación de Montañana. Utilizando mis conocimientos y los recorridos hechos por mí durante años en la zona, y acompañándolos por las correspondientes fotografías, es mi deseo que la segunda parte de este artículo pueda ser su lógica culminación.