El retablo de la iglesia de Montañana fue dividido en piezas y no se sabe cómo apareció en colecciones privadas de millonarios estadounidenses. El célebre ladrón de obras de arte Erik «el Belga» cortó en trozos una casulla del siglo XVI de la catedral de Roda y los encuadró en vulgares marcos para posteriormente venderlos; el mismo delincuente que fragmentó la silla de San Ramón, un mueble único en España, para colocarla a buen precio a los coleccionistas.
La historia reciente de esas tres piezas es la de muchas obras de arte del patrimonio artístico desaparecido en el último siglo en la Ribagorza y que ahora, gracias a una exposición, el público tendrá la oportunidad de conocer, aunque sea a través de los testimonios gráficos que se conservan de esos objetos.
La exposición «Lux Ripacurtiae (Luz de la Ribagorza). Memoria de un patrimonio» llega a su cuarta edición con un ánimo más reivindicativo que nunca. Si en las pasadas ediciones cumplió el objetivo de rescatar por unos días piezas «emigradas» a Cataluña, ahora se plantea recuperar la memoria histórica del arte ausente, «mostrar lo que no está», en palabras de uno de los comisarios de la exposición. «No pretendemos tocar la vena nostálgica», señaló Rafael Yuste, «ni cebarnos en las causas de la desaparición, pero sí hacer una reflexión en torno a lo que hay detrás de esos robos, esas guerras, esas ventas..., y que no es otra cosa que ignorancia».
La muestra, que se inaugura el próximo sábado en la Casa de la Cultura de Graus y cerrará sus puertas el 3 de septiembre, está compuesta por 85 fotografías (el catálogo incluye 110) de toda la comarca, la mayoría localizadas en archivos catalanes. Importantes fotógrafos de finales del siglo XIX y principios del XX plasmaron en imágenes las más importantes obras de arte religioso de la comarca, una labor que tuvo su lado oscuro
